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miércoles, 5 de marzo de 2008

Bromptonlove

Cuando el amor se cruza delante de tus ojos, resulta fundamental llevar la bicicleta limpia como los zapatos, un timbre de invitados, la escarcela llena de conejos blancos y un par de poemas recién escritos.
Hay miradas que iluminan y protegerse con las gafas ahumadas resulta inútil, las flechas del amor son como los rayos del sol durante un día nublado, se desdoblan sin avisar y en cualquier momento, a través de una nube despistada, te alcanzan justo entre las cejas.



Aguardaba a la luz del semáforo, cuando sobre una Dahon boardwalk de color verde, majestuosa como una gaviota, me superó una princesa de pelo oscuro y rizado; le dio al timbre y me adelantó. Bromptonlove se encabritó y nos pegamos discretamente a su rueda. La princesa rodaba con exquisita elegancia hasta que se encontró un jaguar invadiendo el carril-bici, señalizó con el brazo el cambio de carril, giró el cuello, y me encontró sonriendo en el centro del carril, me devolvió la sonrisa, frené y me quedé unos segundos inmóvil celebrándolo, mientras una hilera de rinocerontes aporreaban inútilmente el claxon. Con un solo dedo, señalé al cielo y seguí pedaleando, sin perder de vista las nalgas de la princesa.

Llevábamos el mismo camino y me puse de los nervios. Tracé una media luna y abandoné la estela, me detuve frente a una floristería y compré una rosa.

Como las flores, todas las bicicletas me parecen hermosas. Aumentan la capacidad de observación, multiplican la curiosidad y terminan por convertir la belleza en el mejor de los caminos. Bromptonlove además posee la capacidad de saber cuando estoy enamorado y me proporciona el valor suficiente para declararlo.

Llevaba una mochila negra, vaqueros y una camiseta blanca, exactamente igual que yo, subía despacio, con el piñón de la tranquilidad. Bromptonlove estaba técnicamente preparada para intentar la proeza y me ayudaba a contener el corazón. Estaba decidido a intentar una verónica, coloqué la palanca en torpedo2, me puse la rosa entre los dientes y salí como El Cid Campeador cabalgando a Babieca.
La igualé por estribor y cuando me miró, golpeé el timbre y dejé caer un párpado, cambié a tercera y abrí espacio, la superé y tras cambiar de sentido; cruzármela de cara, para volver a cambiar de sentido y volver a golpear el timbre y volver a superarla para finalmente, aguardarla metros más arriba con el brazo extendido y una rosa en la mano.

La verónica resultó deliciosa, salió perfecta pero la princesa de la Dahon no se detuvo y no me invitó al ático con chimenea, aminoró y sin detenerse, aceptó la rosa, sonrió y se alejó. Me quedé abatido, intentando consolar a Bromptonlove, sentado en un banco y acordándome de aquella tremenda cornada, que después de realizar una de sus mejores verónicas recibió Manolete.
Nos fuimos a celebrar la derrota a la terraza de enfrente, quince minutos más tarde apareció la princesa, dejó su Dahon junto a Bromptonlove, me dio dos besos y me dijo:

-He ido a ponerla en agua.


Oscar Patsi.

La sanidad pública, Bromptonlove y la Princesa, forman un triangulo de complicidad en la cotidianidad de Oscar Patsi.


Más relatos:


AGUA DE COLONIA
EL CID CAMPEADOR
EL JEFE DE LA GUARDIA
ADICTO AL LIFOSIT
EL ASCENSOR
HORMIGAS AFRICANAS
GACELAS AZULES
EL BEBÉ
LA CAMILLA INDIA
LA ROSQUILLA METÁLICA
MI CARDIÓLOGO FAVORITO
EL ARTE
EL GRANO DE ARROZ
ME LO DIJO UNA CUCHARA
EL RINOCERONTE EQUIVOCADO

lunes, 23 de junio de 2008

OSCAR PATSI

Los que conocéis este Blog desde hace tiempo, igual recordáis unos relatos relacionados con la bicicleta que aquí publicamos, estos relatos están escrito por Oscar Patsí.

Yo conozco a Oscar desde hace unos diez años, si, si, ¡tan mayores somos!, pero él ya llevaba las bicicletas en la sangre… creo que ni él mismo puede definir cuando fue el momento que la bicicleta pasó a protagonizar una historia de amor marcada por la fidelidad, dentro de una vida con un notable espíritu infiel, ¡espíritu que no hechos!.

¿Fue cuando se subió por primera vez a su BH azul y blanca?, ¿Fue cuando de niño paseaba por su natal Seu d’Urgell, quien sabe si ya imaginando circuitos de bicicletas por donde pasear?, ¿Fue cuando su madre le tocaba el obligo en la bañera haciendo el ruido de “ring ring”?, no realmente no creo que lo sepa ni él, pero tampoco creo que importe.

Otro de sus amores es el arte, pero aquí es más bien promiscuo, lo puedes encontrar tocando la guitarra, cantando, componiendo, pintando, escribiendo en un blog (antes de papel y ahora virtual), realmente cuando lo conocí tocaba percusión con dos palillos chinos y lo que era su vehículo, llegando a tocar en el Harlem Club Jazz.

Como hombre inteligente que creo que es, rápidamente comprendió que para seguir amando a la bicicleta, tenía que dejar de trabajar con ella, lo que no es lo mismo que dejar de ir a trabajar con ella… desde entonces y hasta ahora es celador de hospital (trabajo duro donde los haya), ha “convertido” a tres o cuatro trabajadores de su hospital, que han dejado cualquier otro vehículo de lado, para ir al trabajo con bicicleta, puede parecer poco, pero es mucho más de lo que consiguen otros, y sobre todo es fruto de la coherencia.

Empezó descubriendo el mundo de los Blogs en lacomunidad.elpais.com” con un blog creado, si no me equivoco, por cuatro celadores del hospital, “Área restringida” donde escribía cosas realmente maravillosas. Reencontró su espacio junto a nosotros en “ebproject”, con la sola condición, que escribiese solo sobre bicicletas, pero su velocidad creativa no es compatible con nuestra limitada capacidad de dedicación a “ebproject”. Un día decidimos abrir un Blog específico de Brompton… nació muerto, tanto Oscar como yo decidimos hacer de él un espacio abierto, y murió por exceso de oxígeno.

Un día coincidimos delante de lo que es nuestro vicio público, para él una Voll Damm y para mí un café, él dispuesto a decirme que tenía que abrir un Blog sin “compañía” y yo dispuesto a decirle tenía que abrir un Blog sin “compañía”. Si nadie ha decidido decirle a su pareja que “lo nuestro ha acabado”, y cuando está delante de ella ha soltado un “lo nuestro ha acabado”, no entenderá la mezcla de alegría, alivio y frustración que se siente, pero si alguien lo ha experimentado, recordará lo mucho que se han reído juntos de pensar lo mismo y no saber como decirlo.

Para mí, fue una doble alegría al saber que escribiría de bicicletas, ¡perdón! para él mariposas, pues como bien dice “los gusanos van bajo tierra y las mariposas por la superficie”, también escribe sobre Rinocerontes equivocados, aunque alguien los pueda confundir con Búfalos.

Oscar no creo que gane nunca una carrera, y puede que tampoco se compre un piso, pero es una de las vidas más coherentes que conozco, ha salido en TV3 en “A Cop de Pedal”, recientemente a participado como ponente en “El Congrés Català de la Bicicleta”. Os recomiendo que lo leáis, no siempre pienso como él (tiene preparado un post sobre Bicing, que presumo que será radicalmente diferente a mi opinión), pero que haremos, también tiene derecho a estar equivocado.

martes, 15 de abril de 2008

Bromptonpicture


La belleza y el equilibrio son la misma cosa. La característica principal de Bromptonpicture es que no necesita caballete para poder ser fotografiada, es hermosa como todas las bicicletas pero no necesita pedestal; un gesto de muñeca basta para mantenerla erguida en el centro de la plaza.

El caballete es la peana que soporta el peso de una obra de arte y la mantiene equilibrada. Una bicicleta sin soporte está en apuros y necesita ayuda para contrarrestar la gravedad de su belleza.


Pedalear subido a un lienzo supone ser el objetivo ocular de los cazadores de lo hermoso, estar expuesto al buen gusto y llevarse todas las miradas como la espada de Miguel, que brilló cinco años consecutivos y mantuvo atónitos a millones de párpados.

Una bicicleta sin caballete está inválida, necesita una muleta, una mano amiga, el tronco de un árbol, un trozo de tapia meada para poder sujetarse.
El equilibrio es magia pura, permite detenerte en cualquier momento y utilizar ambas manos para cualquier menester; abrocharte la bragueta, responder al celular, comprar el periódico, orientar a una turista y beberte una cerveza.


Recorría el exterior de la basílica de Santa Maria del Mar, cuando me crucé con Miguel Indurain que paseaba de la mano de su esposa. No pude evitar detenerme y saludarle, la mujer me reprendió con la mirada pero Miguel, contra pronóstico me dio amablemente conversación. Con un leve gesto de muñeca dejé a Bromptonpicture preparada para la fotografía que, por respeto, no me atreví a realizar y que ha quedado grabada para siempre en mi cerebro:

Encuadre apaisado. Alto como un álamo, elegantemente cubierto por un abrigo azul marino, Miguel Indurain de cándida sonrisa, sujeta con la mano derecha el manillar y mantiene la izquierda sobre el sillín; de fondo mi basílica favorita, la Catedral del mar.

Miguel me habló de la satisfacción que le causó, comprobar la densidad de bicicletas que ruedan en nuestra ciudad.

-Quedan muchos kilómetros por recorrer. Le dije.

Le agradecí su tiempo, le felicité e hice un esfuerzo para no arrodillarme y besarle la mano. Después de pedirle disculpas a la esposa y tras un ligero golpe de muñeca, me subí a Bromptonpicture y nos alejamos.

Me sentía como una abeja después de darse un baño de flores, excitada y soberana, sobrada de miel, cegada de luz y rebosante de energía. Encaré el litoral, me dejé llevar por la plasticidad ambiental y me limité a corresponder la sonrisa espumosa de las olas. La brisa como un peine multiplicado, reunía las puntas de la melena en el centro de la nuca. Desabroché un par de botones y la camisa se hinchó como una vela y sin manos, con los brazos extendidos, recorrí el espigón como Jesucristo crucificado mientras un número indeterminado de japoneses no dejaron de disparar sus cámaras digitales.


El viento cesó y recuperé el control del manillar, coloqué a Bromptonpicture mirando al mar y tras abrocharme la camisa, me puse la chaqueta mientras recordaba a Marcel Duchamp, un artista que en 1913 colocó una rueda de bicicleta sobre un taburete y que hoy, podemos seguir contemplando en el Museo de Arte de Philadelphia.

Oscar Patsi